¿Tienes que dar una presentación? Prepárate adecuadamente

Dar una presentación

Somos animales sociales y no pasa un solo día sin que tengamos que comunicarnos con otras personas y reclamar su atención. A pesar de esto, cuando hemos de hablar en público, hay ocasiones en las que nos sentimos nerviosos, angustiados o desconcertados. Una buena preparación de nuestro discurso nos ayudará no solo a controlar nuestro estado de ánimo sino a conseguir el impacto que deseamos en nuestra audiencia.

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Cuando nacemos, lo primero que hacemos es llorar, gritarle al mundo que aquí estamos, reclamamos atención, que nos cuiden y que nos alimenten. Desde ese momento y a lo largo de toda nuestra vida necesitamos dirigirnos a otras personas, requerir su atención, trasmitir información y persuadirles. Si llevamos a cabo esta actividad de forma constante durante nuestra vida, ¿deberíamos ser excelentes en la comunicación pública?

La realidad es que incluso los actores y los oradores profesionales no están libres de verse atacados por los nervios en alguna ocasión. Dijo Mark Twain que hay dos tipos de oradores: los que se ponen nerviosos y los mentirosos. Es que hay que ser insensato para no sentir un poco de ansiedad cuando te juegas algo importante: la financiación de tu empresa, tu empleo, una promoción, o cuando estas declarando tu amor. La habilidad de comunicar públicamente es uno de los elementos principales que nos ayudará a conseguir nuestros objetivos tanto profesionales como personales.

¿Cómo combatir el nerviosismo?

Se han propuesto muchos consejos para ayudar a controlar el nerviosismo y el miedo a hablar en público: relajación, visualización, meditación, incluso el beber un vaso de agua. Si bien estos métodos pueden ser de utilidad en algunos casos para relajar la tensión nerviosa, yo prefiero recomendar que usemos esa energía que nos consume en algo útil: preparar nuestra presentación.

¿Cómo deberíamos preparar una presentación?

Muchas veces comenzamos a preparar una charla escribiendo directamente el guion o, todavía peor, abriendo PowerPoint y empezando a diseñar diapositivas. Esto es como comenzar una casa por el tejado. Si queremos construir algo armónico y con sentido debemos hacerlo con método.

1. Define tu objetivo

Una presentación pública es la oportunidad de conseguir algo de nuestra audiencia, pero para eso debemos definir cuál es nuestro objetivo, qué queremos que haga, piense o diga nuestro público al terminar nuestra presentación.

Este objetivo no podemos establecerlo sin conocer previamente a nuestra audiencia: como piensa y siente, cuáles son sus intereses y preocupaciones, cual su actitud previa hacia nosotros y hacia el tema de nuestro discurso, que lenguaje habla y entiende.

Conocer a nuestra audiencia nos permitirá establecer un objetivo realista y nos indicará como hemos de estructurar nuestra charla. Deberíamos ser capaces de resumir nuestro objetivo en una única frase del tipo:

Quiero que mi audiencia...

  • …contrate mis servicios
  • …invierta en mi negocio
  • …apruebe el proyecto que les voy a presentar
  • …sea consciente de la importancia de cumplir el reglamento de seguridad

Durante toda la preparación de nuestra charla no debemos perder de vista esta frase, todo lo que hagamos deberá ir encaminado a conseguir el objetivo que nos hayamos propuesto.

2. Estructura tus ideas

Con el objetivo en mente, comenzaremos a recoger todas las ideas que se nos vayan ocurriendo, conviene anotarlas para que no se nos olviden. Ahora bien, no podemos arrojar a nuestra audiencia todas estas ideas sin un orden y una selección. Quizás hayamos visto, en ocasiones, a oradores que van saltando de una idea a otra sin dar coherencia a su discurso. Creemos percibir que, probablemente, son buenas ideas, pero el desorden con que las expone nos hace difícil captar su mensaje.

La estructura de nuestro discurso es el esqueleto donde debemos colocar cada una de nuestras ideas, cada uno de los puntos que vamos a desarrollar. Una buena estructura nos ayuda a seleccionar lo que vamos a presentar, a darle un orden, facilita la memorización de nuestro discurso y ayuda a nuestra audiencia a captar el mensaje.

Toda presentación debería tener tres partes: Introducción, cuerpo y conclusión. Aunque la introducción y la conclusión suelen ser partes relativamente cortas en comparación con el cuerpo del discurso, tienen una gran importancia. Sin embargo, son las partes que habitualmente más descuidamos.

3. Puesta en escena

Una vez seleccionado los puntos a desarrollar y estructurada nuestra charla, nos faltara decidir cómo vamos a presentarla: qué palabras y qué recursos retóricos vamos a usar, cómo vamos a usar nuestra voz, cómo nos vamos a mover por el escenario y si vamos a usar recursos audiovisuales.

Por último, ensayaremos: de pie, hablando en voz alta y moviéndonos como si estuviéramos ante nuestra audiencia. De esta manera adquiriremos confianza y pondremos a prueba todo lo que hemos preparado hasta ese momento.

La suerte favorece a las mentes preparadas.

Cuando veamos a un orador que se desenvuelve con soltura y que consigue cautivar a su público, no es por casualidad: detrás hay mucho trabajo. Tú también puedes conseguirlo con dedicación y método. Como dijo Louis Pasteur: la suerte favorece a las mentes preparadas.

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