Miedo a hablar en público: combatirlo puede no ser lo mejor

convierte el miedo en entusiasmo

Hablar en público nos suele provocar ansiedad y nerviosismo. Tratar de calmarse a toda costa puede no ser lo más recomendable. Un reciente estudio científico viene a corroborar esta afirmación.

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Hablar en público es una de las situaciones más estresantes para la mayoría de nosotros. Nos sentimos nerviosos y la ansiedad nos hace pasar un mal rato, corroe nuestra confianza en nosotros mismos y nos impide pensar con claridad. De esta forma no somos capaces de proyectar una adecuada imagen de confianza y credibilidad. Así será difícil que logremos persuadir a nuestra audiencia y alcanzar nuestros objetivos.

Para enfrentar la ansiedad, muchos aconsejan tratar de tranquilizarse, de calmarse. Esto tiene ciertos inconvenientes:

  • A tratar de combatir nuestra ansiedad, corremos el riesgo de reforzarla. Es tanto como tratar de no pensar en un elefante rosa, cuanto más nos esforcemos en negarlo más se fijará su imagen en nuestra mente.

  • Si logramos reducir la ansiedad, relajarnos y calmarnos, nos colocaremos en un estado de baja energía, de cierto pasotismo. Esto lo va a notar audiencia y difícilmente va a aceptar nuestro mensaje, si percibe en nosotros falta de entusiasmo por él.

¿No crees que sería mucho mejor convertir nuestra ansiedad en entusiasmo que nos lleve a trabajar duro preparando nuestra presentación y a poner, así, pasión y energía en nuestro mensaje?

¿Te imaginas contagiando tu entusiasmo al público?

Un artículo de Alison Wood publicado en Journal of Experimental Psychology (Get Excited: Reappraising Pre-Performance Anxiety as Excitement), nos muestra el resultado de su investigación sobre las ventajas de este enfoque. En su estudio sobre una muestra de 300 personas, más del 90% consideró que la mejor forma de enfrentarse a la ansiedad de dar una presentación era tratar de calmarse. Posteriormente se sometió a varios sujetos a situaciones estresantes, entre ellas la de hablar en público. El trabajo concluye, entre otras cosas, que los sujetos a los que se dio el mensaje “estoy entusiasmado” fueron percibidos por la audiencia como más persuasivos y competentes que aquellos que su mensaje fue “estoy calmado”.

Así, pues si sientes ansiedad y estás nervioso por tener que dar una presentación, no intentes calmarte, aprovecha la energía de que dispones en prepararla con entusiasmo y en poner pasión a tu mensaje.

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